



| No le será difícil al viajero retroceder imaginariamente a épocas pasadas cuando, una vez subida la sinuosa carretera, llegue al pueblecito de Barbenuta o a su vecino de Espierre. Estará en la Bal menuta (Valle pequeño) que mencionan los viejos legajos monásticos formada por tres pueblos de los que, en la actualidad, solo subsisten dos. En Barbenuta se mantiene una interesante arquitectura popular y una iglesia del siglo XVII en la que se conservan algunos restos de la anterior fábrica románica. En Espierre, también merece la pena dar un paseo pausado por sus calles y visitar la iglesia parroquial bajo la advocación de San Esteban, de indudable filiación románica, aunque con numerosas reformas posteriores. Al lado de la iglesia parte una pista, cerrada con una valla metros después, que nos llevará hasta las interesantísimas iglesias de Santa María y San Juan y a las faldas del pico Erata, monte emblemático para toda la Tierra de Biescas. La primera la encontraremos apenas quince minutos desde el inicio de la marcha a la derecha de la pista y por debajo de ella. Conviene fijarse ya que es fácil de confundir con una de las numerosas bordas que se reparten por doquier. Santa María de Palarriecho es uno de los templos cristianos más antiguos de la comarca e, incluso, de Aragón. Consta de nave rectangular a la que se accede por una preciosa puerta de arco de herradura. En el suelo, en una reforma llevada a cabo en el siglo XVII, se colocaron millares de cantos rodados de río formando primorosos dibujos. En la actualidad se encuentra destechada aunque desescombrada, consolidada y perfectamente visitable. De vuelta a la pista, en 45 minutos desde Santa María, está la iglesia de San Juan de Espierre, gemela a la anterior aunque mejor conservada. Situada a la derecha de la pista y junto a ella, es el templo residual de un poblamiento desaparecido muchos siglos atrás. Presenta, también, nave rectangular y puerta de arco de herradura cubriéndose con tejado a dos aguas. Ambos edificios habría que fecharlos en torno al año 950 habiendo llegado hasta nosotros en su estado original, sin añadidos posteriores que desdibujen su fisonomía primitiva. Desde aquí, si acompañan las fuerzas y se dispone de tiempo, en apenas dos horas se puede conseguir el pico Erata de 2005 m. de altitud. Siguiendo la pista hasta su final y monte a través después, nos encaramaremos a un mirador privilegiado del prepirineo. Desde el lejano macizo del Posets, pasando por el de Monte Perdido, la sierra de Tendeñera y Partacua, el Midi d’Ossau, la subcomarca del Sobrepuerto con todos sus pueblos abandonados o la depresión media los tendremos al alcance de los ojos. En días anticiclonales se llega a ver nada menos que el lejano Moncayo. Como colofón a esta magnífica excursión, nos podemos acercar, en apenas cinco minutos desde el vértice geodésico, a la ermita, recientemente restaurada, de San Benito de Erata. • Dificultad: Fácil hasta la ermita de San Juan, media hasta la punta de Erata. Los horarios reseñados son orientativos tratándose, si se hace íntegra, de una excursión de jornada completa. • Época recomendada: Primavera, verano y otoño. |